Las drogas recreativas: uso, prohibición, sentido común

Después de décadas de lucha contra las drogas, el problema no sólo no se ha resuelto sino que ha empeorado.

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Éste parece ser el mensaje que lanzaron en un informe Kofi Annan (ex secretario general de la ONU), Federico Mayor Zaragoza (ex director general de la UNESCO), Javier Solana, Mario Vargas Llosa, y otras personalidades internacionales en 2011.

 

El revuelo inicial fue importante, pero tras refrendar la ONU actual su postura prohibicionista, la noticia quedó acallada en los medios y el debate ha vuelto a dormirse, en espera de una nueva oportunidad. Pero entretanto, nosotros vivimos aquí, y cada día o cada semana pasan por nuestras manos todo tipo de drogas. Pero, ¿sabemos de qué estamos hablando realmente?

 

¿Qué es una droga?

Según la OMS, una droga es toda sustancia (normalmente de origen natural vegetal) que introducida en el organismo, puede alterar de algún modo el sistema nervioso central del consumidor.

 

El café es una droga: contiene una sustancia que, dicho de forma llana, nos “despeja” acelerando la sinapsis.

El alcohol es una droga: es la fermentación de ciertos vegetales que, una vez bebidos, nos embriagan, entorpecen y deshiniben.

El Valium es una droga.

 

Todos ellos son legales. De estos, el único puramente recreativo es el alcohol. Sabemos que genera adicción, sabemos que genera desequilibrios mentales, que provoca dolor al consumidor y a su entorno, y que en muchos casos provoca la muerte sea por intoxicación, sea por derivado (por ejemplo, accidente de tránsito). ¿Por qué no se lo prohíbe?

 

La prohibición inútil

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El momento de mayor caos en las calles americanas no fue durante ninguna de sus guerras, ni cuando sus conflictos raciales: fue cuando la Ley Seca. La prohibición del consumo de alcohol generó un submundo ilegal en el que se producía alcohol de bajísima calidad, se almacenaba y vendía en condiciones no reguladas e insalubres, y su negocio era manejado al margen de la sociedad (y de los impuestos) por el hampa.

Esto es, exactamente, lo que ocurre con las otras drogas recreativas. La prohibición de, por ejemplo, la marihuana, no ha cortado su consumo. Al contrario, ese consumo ha crecido de forma espectacular.

El asunto de la marihuana es más complejo, porque cualquier consumidor puede plantar en su casa para fumarla e ingerirla sin mayores complicaciones (algo que no puede hacerse con el alcohol, cuya elaboración es trabajosa), pero el mercado ilegal ahí persiste. Y la pregunta es, ¿hay necesidad?

 

¿Y si educáramos para un ocio sano?

No se ha documentado un solo caso de muerte por consumo de cannabis, por ejemplo. De hecho, no se han podido hacer todos los estudios que se debieran, pero sí se sabe que es una sustancia cuyo consumo se remonta a la antigüedad, igual que el alcohol, e igual que algunos psicotrópicos. Sabiendo que con la prohibición no sólo provocas mercado negro, sino que te obliga a destinar recursos públicos en la lucha contra ese mercado negro que acabas de crear con la prohibición… ¿no tendría más sentido dotar a cada droga de un marco legal?

Porque además, bajo la denominación “droga” se incluyen sustancias de efectos, usos y peligros tan diferentes, que sólo pueden inducir a confusión (como el que se piensa que un fumador de maría es aquel que sale de la discoteca todo loco con una navaja, desquiciado por matar, cuando un fumador de maría normalmente está demasiado ocupado tirado en el sofá, riendo y reflexionando, como para amenazar a nadie).

 

Conviene que la sociedad adulta empiece a reflexionar sobre nuestra hipocresía y la forma de utilizar sustancias en nuestro tiempo de ocio.

No hay nada intrínsecamente malo en beber alcohol, como tampoco lo hay en consumir THC. Como dice Escohotado, las adicciones no tienen tanto que ver con las sustancias, como en el desequilibrio psicológico de quien las consume.

 

¿No podríamos lograr un ocio más sano? ¿Más sensato? ¿No ha llegado la hora de hablar claro?

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